Roberto Arlt (Buenos Aires, 1900-1942) es uno de los menos prescindibles «fundadores» de la novela moderna argentina, aunque el reconocimiento crítico de su narrativa sóloEncuadernación: RústicaColección: Los viajeros; 26 le llegara después de muerto. Novelista de los humillados y ofendidos, a la manera de Dostoievski, de los desclasados, de los emigrantes (muy representativos de una sociedad como la porteña en el primer tercio del siglo XX), pero también novelista de lo grotesco y aun de lo fantástico, sin dejar de ser ferozmente realista, anarquizante y crítico social, más cerca siempre de «Boedo» que de «Florida».Las crónicas viajeras de Aguafuertes españolas nos presentan una España, la de 1935, un tanto adivinada o presentida, al modo de los viajeros románticos de un siglo antes. Una España lejos de toda complacencia turística o castiza, más cercana a la España de Richard Ford o a la Andalucía trágica de Azorín que a la modernidad que estaba inaugurando entonces la Segunda República. Una mirada, la de Roberto Arlt, muy semejante a la de otro viajero americano coetáneo suyo, el también periodista y narrador cubano Lino Novás Calvo, autor de España estremecida, tan reveladora como sorprendente.
Roberto Godofredo Christophersen Arlt fue un escritor, periodista y dramaturgo argentino, figura central de la literatura urbana del siglo XX en el Río de la Plata. Su obra rompió con el refinamiento literario de su época para introducir una prosa áspera, directa y cargada de tensión social. Arlt escribió desde los márgenes: personajes frustrados, ciudades opresivas y una mirada feroz sobre el fracaso, la violencia y el deseo de escapar. Su lenguaje, deliberadamente imperfecto, fue parte del golpe.
Su primera novela, El juguete rabioso, inauguró un modo de narrar que puso en escena al antihéroe moderno, atrapado entre la ambición y el derrumbe. Arlt no buscó consuelo ni elegancia: expuso la miseria moral y material sin anestesia. Su influencia se dejó sentir mucho después, cuando quedó claro que había visto antes y más hondo. Incómodo, irregular y brutalmente honesto. Por eso sigue vivo.