Una tarde; después de escuchar una conversación telefónica; Francisco pierde el control; se encierra en el baño y se auto agrede con un cuchillo. Al despertar está internado en una clínica psiquiátrica. 'La enfermedad es la mejor solución que encontró'; dice el médico que supervisa el tratamiento. ¿Solución? ¿Qué es entonces estar loco? ¿Cómo se entra y cómo se sale de la locura? ¿Se puede salir; hay cura? ¿Cómo se narra ese estado de confusión y dolor? Domingo Boari; con cincuenta años de psicoanalista y unas sesenta mil horas escuchando pacientes; en El cordón; su segunda novela; plantea estos y otros interrogantes. La respuesta es un relato polifónico; en el que a la de Francisco se le ensamblan las voces de niños; adultos; parturientas y enamorados; psicólogos; camioneros y enfermeras. Y la de una madre posesiva que a cada rato entromete su molesta cantinela. Distanciada del registro técnico y del tono complaciente de los posteos en redes sociales; la novela de Boari puede leerse también como un caso de estudio; donde se muestra la lucha de alguien por encontrar una solución mejor que la locura y donde se ilustra la paradoja del sufriente: del dolor se sale por donde se entró.