A principios del siglo XVII ya era una tradicion consolidar las relaciones politicas y militares entre Francia y España por medio de matrimonios reales. Asi fue como el infante Felipe de España, con tan solo diez años se caso con la princesa Isabel de Francia, que contaba trece en esos momentos. Cinco años mas tarde, el infante accedio a la monarquia tras el fallecimiento de su padre. La instruccion del joven rey estaba, por aquel entonces, en manos de uno de sus gentilhombres: el conde de Olivares, que supo manipular al muchacho hasta controlar sus decisiones y buena parte de su voluntad. El conde su cuido mucho de prevenir posibles interferencias de Isabel, confinandola en el interior de una tela de araña tejida con os mas finos hilos de la Corte. La casa real de la reina, integrada en su totalidad por personas fieles al conde, se convirtio en una prision dorada para ella. Convertido en valido del rey y promocionado al rango de conde duque (de Olivares) tomo de lleno las riendas del imperio, dejando al rey con sus aficiones favoritas: la caza y, por encima de ella las mujeres. Mas de cuarenta hijos bastardos le contabilizaron fuentes apocrifas, pero no hay historiador que se atreva a establecer un punto final. Isabel tuvo que desplegar toda su dignidad para obtener parcelar de igualdad de genero y alcanzar algo del reconocimiento al que era merecedora como mujer, esposa y reina.