–Si él pudo asesinar, yo también podría –decía
febrilmente– ¡nosotros tenemos naturalezas idénticas!
¡Lo sé perfectamente! ¡Si él es así, es que yo también
soy así... sí, yo también soy así!
–Es una de las historias más estrafalarias que jamás oí
–murmuró–. Pero no pierda usted la esperanza. Por
otro lado, esta historia podría tener una explicación
bien sencilla y psicológicamente comprensible. Si él es
realmente tan parecido a usted, entonces queda claro
por qué se influyen tan negativamente. Usted es
extremadamente enérgica, intensa, agresiva. Así que,
si una naturaleza como la suya encuentra una
naturaleza similar, entonces esta energía incontenible
y tormentosa se multiplica, él la excita a usted y usted
a él y de este modo esta energía va aumentando sin
fin. Esta energía es en sí un tesoro de incalculable
valor. Pero si no se canaliza hacia el bien, entonces se
convierte en una fuerza destructiva.
–Y en su caso esto debió suceder –prosiguió–, puesto
que desde el primer momento se perdieron la
confianza y el respeto. Sí, todo esto resultaría claro si...
–¿Si qué?
–Si no se hubieran inmiscuido ciertos factores... de
otra índole. Esas bocas. Los sueños. El lápiz. Todo esto
son fenómenos de otro orden. ¿Quiere que se lo diga
con franqueza? Tengo la impresión de que está
poseído.