Nadja est un roman autobiographique écrit par André Breton en 1928 et révisée en 1962. Le livre commence avec la rencontre inattendue entre l'auteur et un jeune Nadja appelé, qui exerce sur lui une fascination particulière. Le nom Nadja vient du russe et est le début (juste au début) du mot espoir . Le livre semble constituer une description avec des éléments autobiographiques de la relation du Breton avec un patient que se dérégler de Pierre Janet. L'écriture non linéaire du livre est ancrée à la réalité par le biais de références aux autre surréaliste parisien, Louis Aragon et par une série de photographies. Le livre contient aussi des dessins. Nadja pas tellement une personne comme un moyen d'influer sur le comportement des gens. Mais c'est elle qui donne la forme et la structure au travail. Nadja est si merveilleusement libre de n'importe quel type d'apparence, qu'elle méprise à la fois la raison et la Loi, est la forme comme Simone de Beauvoir, il décrit.
André Breton fue un escritor, poeta y ensayista francés considerado el principal fundador y teórico del surrealismo. Nacido en 1896 en Tinchebray, Francia, estudió medicina y trabajó en hospitales psiquiátricos durante la Primera Guerra Mundial, experiencia que despertó su interés por el inconsciente, los sueños y las teorías de Sigmund Freud. Tras vincularse inicialmente al dadaísmo, Breton impulsó el movimiento surrealista en la década de 1920 mediante manifiestos, revistas y experimentos de escritura automática. Su influencia trascendió la literatura y alcanzó la pintura, el cine y la filosofía, convirtiéndose en una figura central de las vanguardias europeas. Básicamente, si el surrealismo tuvo un director técnico, Breton llevaba el silbato y probablemente también un pez flotando sobre la cabeza.
Entre sus obras más importantes se encuentran Nadja, Los vasos comunicantes, El amor loco y El arte mágico, ensayo donde reflexiona sobre la relación entre creación artística, simbolismo y pensamiento mágico a lo largo de distintas culturas y períodos históricos. Breton defendía el arte como una vía de liberación mental y transformación de la realidad, alejándose de las restricciones racionalistas tradicionales. Aunque su personalidad generó tensiones dentro del propio movimiento surrealista, su papel como impulsor intelectual y organizador fue decisivo para consolidar una de las corrientes artísticas más influyentes del siglo XX.