Pequeño bastardo es un relato que crece de manera metastásica a partir de sus personajes principales, Charly y Sybila, para incluir relatos de numerosos personajes secundarios, al parecer intrascendentes: el de Pujarraco, un niño de la calle que se convertirá en líder de una barra brava; el del policía encargado de reprimir las huelgas de los maestros; el de una joven cuyo padre siempre la ha relegado por «bastarda»; el de un cura abusador que recibe su merecido. Pequeño bastardo es, simultáneamente, una novela política documental; un relato pop decadente y superficial; una memoria mutilada sobre la migración, la guerra, el desamor y la infancia; un cúmulo de textos que combinan tragedia y humor, compromiso y desengaño, idealismo y cinismo. Pequeño bastardo es, qué duda cabe, la novela monstruo de Richard Parra que estábamos esperando. Y es que, como ha escrito Antonio Muñoz Molina: «Richard Parra tiene el don de los grandes narradores quienes imaginan el mundo tal como es. En esta época de tanto ensimismamiento literario, una escritura narrativa como la suya es sorprendente y admirable». Pequeño bastardo, de Richard Parra, es la novela monstruo que estábamos esperando.
Richard Parra (Bogotá, 1976) es un escritor colombiano cuya narrativa se ha ocupado especialmente de la violencia, la marginalidad, la memoria y las fracturas sociales de la Colombia contemporánea. Estudió Literatura en la Universidad Nacional de Colombia y ha desarrollado una obra que combina la crudeza del realismo con una marcada preocupación por el lenguaje y la construcción de personajes. Entre sus novelas se encuentran La secta de los perros, Siempre es bueno tener un problema y Perros del diablo, consolidando una voz literaria vinculada a los territorios urbanos y a las experiencias de quienes viven en los márgenes del poder y la sociedad.
Perros del diablo profundiza en el universo narrativo de Parra mediante una historia atravesada por la violencia y la corrupción. El autor se interesa menos por ofrecer respuestas tranquilizadoras que por mostrar cómo los individuos quedan atrapados en estructuras donde la brutalidad termina pareciendo cotidiana. Su narrativa utiliza personajes complejos y situaciones límite para explorar la relación entre violencia, poder y supervivencia. El resultado es una novela áspera y provocadora, en la que Bogotá y sus zonas más oscuras funcionan no solo como escenario, sino también como una fuerza que condiciona las vidas de sus protagonistas.