Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1580-Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645). Espana. Hijo de Pedro Gomez de Quevedo, noble y secretario de una hija de Carlos V y de la reina Ana de Austria. Francisco de Quevedo estudio con los jesuitas en Madrid, y luego en las universidades de Alcala (lenguas clasicas y modernas) y Valladolid (teologia).Tras su regreso a Madrid tuvo la proteccion del duque de Osuna, con quien viajo a Sicilia en 1613. Osuna fue nombrado virrey de Napoles y Quevedo ocupo su secretaria de hacienda y participo en misiones politicas contra Venecia promovidas por su protector. Cuando este cayo en desgracia Quevedo sufrio destierro y prision, pero regreso a la corte tras la muerte de Felipe III. Durante anos tuvo buenas relaciones con Felipe IV, aunque no consiguio ganarse la simpatia de su favorito, el conde-duque de Olivares. Se especula que dejo bajo la servilleta del monarca el memorial contra Olivares titulado Catolica, sacra, real Majestad, lo que motivo su detencion en 1639. Se cree, en cambio, que termino en un calabozo del convento de San Marcos de Leon, donde estuvo hasta 1643, victima de una conspiracion. Murio en Villanueva de los Infantes.
Francisco de Quevedo nació el 17 de septiembre de 1580, en Madrid. Era miope, cojo y algo cargado de espaldas, lo que lo convirtieron en una persona de carácter tímido, violento y amargado. Estudió Humanidades en Alcalá de Henares y Teología en Valladolid. En esta ciudad adquirió una sólida formación, escribió sus primeros poemas y empezó su enconada rivalidad con Góngora. En 1606 se trasladó de nuevo a Madrid. De 1613 a 1619 se dedicó a la vida política y marchó a Italia como consejero y secretario del duque de Osuna. Volvió de nuevo a la Corte en 1623, y en 1639 fue condenado a 4 años de prisión por ciertas actividades políticas internacionales. A mediados de 1644 se trasladó a la Torre de Juan Abad, y de allí pasó, enfermo, al pueblo vecino de Villanueva de los Infantes, donde murió el 8 de septiembre de 1645. Hombre de vida turbulenta y atormentada, la figura de Quevedo representa al hombre barroco por excelencia. El sentimiento pesimista y desengañado que brota de sus obras es una muestra de su visión del mundo. Su alma sensible, su cultura y su inteligencia hicieron de él un escritor crítico y satírico, que, además, expresó como nadie la angustia existencial del hombre barroco asediado por el paso del tiempo y por la eterna presencia de la muerte.