Cerezos, glicinas, cipreses hinoki, pinos de Ezo, cedros sugi de mas de siete mil años... Los árboles de Japón son emblemas de belleza que nunca dejan de cautivarnos. Desde niña, el padre de Aya Koda les regalaba árboles a ella y a sus hermanos, y les enseñó a plantarlos, a estar atentos a las plagas, a distinguir las variedades a partir de cada hoja y a dar las gracias con reverencias al jardinero. Ahí nació una relación de amor que cultivó a lo largo de su vida y que la llevó a ser consciente de su imprescindible valor y de la obligación que tenemos de cuidarlos.
Durante sus viajes por Japón para contemplar lo singular e imperecedero que se esconde en cada árbol, Aya Koda también asistió a desprendimientos de tierra, al trabajo de los taladores o se adentró en bosques cubiertos de ceniza. El fruto de sus viajes es esta hermosa colección de ensayos que iluminan el paisaje, la historia y la cultura japoneses, y nos hablan de la belleza, la pérdida, la fugacidad y los ciclos de la vida. Un clásico moderno que ha traspasado generaciones para recordarnos que los árboles son un esp
Aya Kōda fue una de las voces más singulares de la literatura japonesa del siglo XX. Nacida en Tokio en 1904 como hija del célebre escritor Rohan Kōda, desarrolló una obra profundamente ligada a la observación de la vida cotidiana, la naturaleza y las relaciones familiares. Comenzó a publicar relativamente tarde, tras años marcados por pérdidas personales, dificultades económicas y el cuidado de su padre durante la Segunda Guerra Mundial. Su estilo, sobrio y preciso, transformó experiencias comunes en reflexiones de enorme sensibilidad, especialmente sobre la memoria, el paso del tiempo y la fragilidad humana. En Japón es considerada una autora de enorme refinamiento literario, aunque fuera de su país tardó décadas en recibir la atención que merecía.
Entre sus obras más reconocidas se encuentran Nagareru, Otōto y el libro de ensayos Árbol (Ki o Tree), una meditación íntima sobre los árboles, los paisajes y el vínculo emocional entre seres humanos y naturaleza. Este último recuperó visibilidad internacional gracias a la película Perfect Days de Wim Wenders, donde aparece leído por el protagonista. Kōda recibió el Premio Yomiuri, el Premio Shinchō y el Premio de la Academia Japonesa de Arte, consolidando una trayectoria admirada por su honestidad emocional y su mirada casi artesanal sobre el lenguaje. Sus textos tienen la calma de alguien que observa una rama moverse… y logra convertir eso en literatura de alto nivel.
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Marcelo Ferrari
Tuesday, August 04, 2026
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Precioso libro, de una sencillez, profundidad, humanidad, y luminosidad enriquecedora.