«Se incorporó recién cuando ya no podía soportar el ardor del sol, y entonces miró de frente el mar, estiró los brazos todo lo que más pudo hacia atrás, tironeando de los músculos del pecho hasta dejarlos planos y gritó; comenzó con un sonido de boca abierta, el aire desgarrando las cuerdas vocales a medida que salía con una potencia inédita para él; luego lanzó palabras inventadas, insultó al mar con sonidos consonantes, mientras se reía como una criatura, incrédulo, porque ni él mismo podía creer que alguna vez insultaría a algo tan sublime. Finalmente, entre lágrimas, le agradeció con la cabeza baja, entre susurros, con sonidos ininteligibles que expresaban algo que él mismo no entendía, pero que el mar sí».
Un hombre con riesgo de muerte llega por sus propios medios a un centro de atención médica. La historia que prosigue, donde la noche es otra protagonista, relata las horas, los días anteriores de alguien que transita la vida cotidiana con una sensibilidad demasiado aguda y, asimismo, un afán de intensificarla mediante el uso de sustancias psicoactivas. Después de ayer avanza con un impulso similar al de las asociaciones libres, con tiempos cronológicos no tradicionales, con narradores dentro de otros narradores.