Nueva presentación de la obra que revolucionó nuestro concepto de educación. Un clásico de José Antonio Marina. Durante siglos se pensó que la función principal del intelecto era conocer. Fue la época dorada de la inteligencia cognitiva. Después se reconoció la importancia de la inteligencia emocional, dada la influencia del mundo afectivo en el comportamiento humano. Ahora estamos en una nueva etapa, en la que emerge la inteligencia ejecutiva, que organiza todas las demás. Este libro representa un paso innovador y decisivo que está llamado a revolucionar la idea que tenemos de la educación. La inteligencia ejecutiva se encarga de dirigir todas las capacidades humanas: utilizar los conocimientos, gestionar las emociones, resolver las dificultades, establecer objetivos a largo plazo, aplazar las recompensas… En ella tiene su origen la libertad humana. No es una facultad innata, sino que los más pequeños tienen que aprenderla. Ella configurará su talento. Y ayudarles a que lo consigan debe ser el principal propósito educativo, tal como lo revela esta extraordinaria obra.
José Antonio Marina Torres (Toledo, 1939) es un destacado filósofo, ensayista y pedagogo español, reconocido por sus investigaciones sobre la inteligencia, la creatividad y la ética. Licenciado en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, dedicó gran parte de su trayectoria profesional a la enseñanza secundaria, lo que enriqueció su enfoque educativo.
Su obra, que supera la treintena de títulos, busca acercar la filosofía al gran público con un enfoque práctico y divulgativo. Entre sus contribuciones más significativas destaca el desarrollo de una "teoría de la inteligencia" que abarca desde la neurología hasta la ética, argumentando que la función principal de esta no es solo conocer, sino resolver problemas y gestionar el comportamiento para alcanzar la felicidad y la dignidad.
Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Ensayo (1993) por Elogio y refutación del ingenio y el Premio Anagrama de Ensayo. Obras clave como Teoría de la inteligencia creadora (1995), Ética para náufragos (1996) y El laberinto sentimental (1998) consolidaron su prestigio. Además de su labor investigadora, colabora habitualmente en medios de comunicación y se enfoca en la mejora educativa y la cultura de la inteligencia.