Amores líquidos se compone de dos novelas breves y un relato. En este volumen Carmen Ollé despliega su capacidad narrativa para ofrecernos una baraja de historias inquietantes. Al hacerlo transita, cual equilibrista, por las cornisas del realismo sucio, pero en cuanto lo dicta su intuición, da un salto hacia lo fantástico. El erotismo, la pulsión sexual, el placer y la violencia son común denominador en ellas. La inquilina de un hospedaje —una mujer solitaria y madura— se relaciona con su casera y con la hija de esta. En sus recorridos por el barrio se topa con seres fantasmales y de estirpe literaria, que evocan a José María Eguren y a Pilar Dughi, quienes parecen perseguirla. En el relato que refresca el interregno entre las nouvelles, una mujer que trabaja en una ONG hace suyo un «caso emblemático», para salvar de la pobreza a una joven muchacha. Esta tiene un hermano que está inmerso en una crisis de identidad sexual. El libro culmina con la historia de Julia, una profesora universitaria que se siente atraída por el chofer de la casa. Se entrega a la pasión, sin importarle las diferencias sociales ni tener que internarse por los bajos fondos del Callao. Carmen Ollé construye, con pulso firme, una galería de personajes femeninos estragados por la soledad, el deseo sexual insatisfecho y la incertidumbre. Mujeres, todas ellas, que deciden rebelarse contra el patrón de conducta que el destino o la sociedad les ha asignado.